VÍA CRUCIS DEL CRISTO DEL AMOR POR LAS NAVES DE LA IGLESIA DEL SALVADOR


Hay hermandades a las que no ha afectado en absoluto la nueva normativa diocesana sobre los límites parroquiales en el itinerario de los vía crucis. Y es, lógicamente, a las que celebran este culto sin salir de sus templos, alcanzando en ocasiones más seguimiento y participación que algunas de las que salen a las calles.
Es el caso de la Hermandad del Amor, que el pasado martes, tras la misa en memoria de los hermanos difuntos, celebró el rezo de las estaciones del vía crucis por las naves de la Iglesia del Salvador, con el crucificado de Juan de Mesa portado por los hermanos entre los faroles que acompañan cada Domingo de Ramos a la cruz de guía de la hermandad.
El vía crucis, que contó con el acompañamiento de diversos hermanos con velas, protegidas todas con un cartucho de papel con el escudo de la hermandad para evitar manchar de cera el suelo, recorrió toda la nave del Evangelio, desde la cabecera hasta los pies del templo, pasando después junto al paso del Señor de Pasión hacia la nave de la Epístola para recorrerla desde los pies hasta el retablo de la hermandad, situado en la cabecera de esta nave.
Mucha gente llenó el templo siguiendo cada una de las estaciones y meditaciones, guardando un respetuoso silencio en todo momento, sólo roto por las oraciones con las que se cerraba cada una de las lecturas previstas, que fueron leídas desde el altar mayor.






















Con el rezo de la última estación, el Cristo del Amor llegó hasta su retablo, ocupado únicamente por la Virgen del Socorro y San Juan Evangelista. Las oraciones finales cerraron el vía crucis y, con el crucificado en el suelo, con los brazos de la cruz apoyados en una estructura metálica, se procedió a la tradicional entrega de recuerdos a los hermanos que cumplían 50 y 75 años como integrantes de la Hermandad del Amor.