Pedir dinero a crédito: un peligro al alcance de tu mano

Con la vuelta de las vacaciones miles de familias se ven obligadas a recurrir al endeudamiento para sobrellevar mejor los gastos del mes de septiembre: llenar la despensa, gastos escolares (material, matrículas, comedores...). Pedir un crédito rápido o financiar estos gastos con la tarjeta de crédito puede salirnos muy caro.

Con la finalización del periodo vacacional por excelencia en España aumentan las necesidades económicas de cientos de miles de familias en nuestro país. Los gastos de las vacaciones, llenar la despensa tras el descanso estival, la vuelta al colegio de los niños(material escolar, matrículas, comedores...) son gastos que muchas familias no pueden soportar y, quizá, tengan que recurrir al crédito.

La opción más habitual por la que optan estas familias es pedir un crédito al consumo en una entidad financiera, que en España es un 72% más caro que en la media de la Eurozona. Pero también recurren tanto a los micropréstamos y créditos rápidos como a las tarjetas de crédito, opciones que están ganando enteros por momentos, por lo que las analizaremos a continuación.

Los riesgos de abusar de la tarjeta


Hay dos tipos fundamentales de tarjetas bancarias: las de débito y las de crédito. La gran diferencia entre las dos es que la de débito solo funciona mientras haya dinero en la cuenta bancaria, mientras que la de crédito también posibilita hacer una compra a pesar de que no haya dinero en la cuenta corriente o, incluso, estemos en números rojos. Eso sí, entonces la entidad financiera nos cobrará un interés sobre el importe gastado porque, en realidad, nos está concediendo un crédito... Los intereses que se aplican pueden llegar incluso a superar el 25 % TAE.

Además, las tarjetas de crédito también permiten sacar dinero en cajeros automáticos aunque, en realidad, no tengamos dinero en la cuenta. Por ello los bancos cobran una comisión. Y no es moco de pavo ya que el coste va del 5% de lo sacado que cobran Banco Santander o Liberbank al 2% de Deutsche Bank y Triodos Bank. Si, además, hemos sacado el dinero en un cajero automático propiedad de un banco diferente al nuestro, las comisiones varían del 6,5% de Cajamar al 3% de ING Direct según datos del comparador de comisiones de ADICAE.

Pero todavía hay más costes, porque las tarjetas de crédito tienen además unas comisiones de mantenimiento y administración, que se cobran anualmente y van de los 70 euros de Banco Mediolanum a los 28 de Triodos Bank.

Cuidado con las 'tarjetas revolving'


Otra vía nada aconsejable son las tarjetas ‘revolving’. En primer lugar, hay que aclarar que el término ‘revolving’ no define un tipo de tarjeta, sino una modalidad de pago de las tarjetas de crédito emitidas por los propios bancos o por cadenas de distribución (como Alcampo o El Corte Inglés): más allá del señuelo de ser teóricamente ‘gratuitas’ y de aportar supuestos beneficios en forma de descuentos en tiendas, grandes superficies, gasolineras, etc., las tarjetas ‘revolving’ permiten el pago íntegro o el pago aplazado de una cantidad fija o un porcentaje de la deuda, pero con unas condiciones abusivas y desproporcionadas, por lo que hay que tener sumo cuidado con su uso.

Bajo el cebo de permitir aplazar los pagos y así disponer de un remanente de dinero para 'llegar a fin de mes', así como de un plazo indefinido para hacer efectiva la devolución de la cantidad adeudada, el consumidor acaba pagando de forma indefinida el crédito o las compras: la cantidad abonada cada mes se destina básicamente a pagar intereses pero no a amortizar el capital pendiente, por lo que nunca se liquida la deuda. Lógicamente, el banco o el establecimiento consigue ‘amarrar’ un cliente mediante un pago mensual fijo que a la entidad no le conviene que sea cancelado. Y más teniendo en cuenta que las tarjetas analizadas por ADICAE marcan una TAE de hasta un 30 % y nunca inferior al 21 %, un interés usurario.

Evite los créditos rápidos


Otra opción a la que recurren cada vez más familias son los créditos rápidos online, también llamados minipréstamos, minicréditos, créditos rápidos... muchos nombres para una misma trampa que, por desgracia, está en auge. El Banco de España indica que el saldo de estos préstamos subió en junio hasta los 40.573 millones de euros, aumentando un 2,9% respecto al mes de mayo. La subida ya alcanza el 12% desde comienzos de año.

Este tipo de créditos suelen estar destinados a personas que necesitan dinero urgentemente, incluso menos de 200 euros (por debajo de esta cantidad se escapa a la regulación de la Ley de Contratos de Créditos al Consumo). La publicidad de estos créditos se dirige a grupos de personas especialmente vulnerables a los abusos financieros, con un bajo nivel de estudios, inmigrantes, jóvenes, personas de la tercera edad, desempleados o familias con pocos ingresos.

Una de las características de los créditos rápidos es la facilidad para conseguirlos, en menos de 48 horas. Suelen venderse telefónicamente o por Internet y habitualmente el consumidor tiene de 3 a 72 meses para devolver el dinero. Se comercializan bajo cebos publicitarios como “tu dinero en 10 minutos”, “sin papeleo”, “fácil de devolver”…, pero obviando que la Tasa Anual Equivalente (TAE) suele estar por encima del 20 % en la mayoría de los casos, llegando incluso al sangrante 4.000 % TAE si no se van pagando las cuotas a tiempo. Es decir, un crédito de 300 € puede acabar convirtiéndose en una deuda de 3.000 € si arrastramos impagos.

Son intereses que se podrían considerar usurarios si realmente se aplicara la Ley de Represión de la Usura, una ley de 1908 y que fue revisada el 8 de enero de 2001. En su artículo 1 indica claramente que “será nulo todo contrato de préstamo en que se estipule un interés notablemente superior al normal del dinero (actualmente 3% según el Banco de España) y manifiestamente desproporcionado con las circunstancias del caso o en condiciones tales que resulte aquél leonino, habiendo motivos para estimar que ha sido aceptado por el prestatario a causa de su situación angustiosa, de su inexperiencia o de lo limitado de sus facultades mentales”.

Todos aquellos consumidores que quieran recurrir al crédito para financiar sus gastos de consumo deben tener muy claras las condiciones de dichos créditos, la cuota mensual y el precio final del crédito. Para ello, la mejor herramienta es el simulador de créditos al consumo de ADICAE, totalmente independiente de cualquier entidad financiera, o contactar con cualquiera de las oficinas de la asociación.

Una buena planificación y posterior control de los gastos también ayuda: a diferencia del dinero en efectivo, el dinero de los créditos o de las tarjetas, aunque no lo toquemos ni lo veamos, sí se nota en nuestra cuenta y acaba siendo la principal fuente de deuda de los ahorradores, al margen de gastos fijos como la hipoteca o los recibos.

Comisiones por transferencia. ¿Se acabaron los excesos?

Desde 2007 los costes por transferencia bancaria han estado regulados en Europa. Ahora, que acaba de aprobarse la nueva ley de servicios de pago en territorio nacional, se espera una adaptación de las comisiones también aquí. Los últimos datos no ayudan: su coste ha subido un 4,13% en lo que va de año. ¿Es la entrada en vigor de la nueva ley la solución al cobro excesivo por estas operaciones?

La transferencia bancaria es un modo de mover dinero de una cuenta bancaria a otra sin sacar efectivo. El ordenante da instrucciones a su entidad para que, con cargo a una cuenta suya, envíe una determinada cantidad de dinero a otra cuenta beneficiario de la transferencia).
La falta de regulación hasta ahora en España ha sido una coyuntura aprovechada por la banca para hacer negocio a toda costa: los cobros de comisiones, a menudo excesivas, son habituales, y una fuente de ingresos importantes. También son una fuente de reclamación por parte de los usuarios: en el año 2008, un 5,3% de las resoluciones emitidas por el Sistema de Reclamaciones del Banco de España son relativas a transferencias.

La SEPA, un avance en los derechos del consumidor

En España no existe una normativa específica respecto a las transferencias, al contrario que en la zona europea: la creación de la SEPA (zona única de pagos en euros) permitió regular las transferencias que se realizan dentro del Espacio Económico Europeo (Unión Europea más Liechtenstein, Noruega e Islandia). Su volumen en dinero lo requería: las transferencias suponen un 51% del número de operaciones llevadas a cabo, moviendo el 72% del dinero que circula entre los estados miembros de la SEPA.
La creación de la normativa relativa a las transferencias en este área supuso en su día un pequeño pero importante avance en los derechos del consumidor, obligado hasta entonces a pagar comisiones desorbitadas por transferir fondos fuera de sus fronteras: existen los mismos derechos y obligaciones que los que pueda exigirse dentro de cualquier país, incluyendo las comisiones que se cobran por este servicio; éstas deben ser iguales a las que cobran las entidades en su país de origen, siempre que la modalidad de transferencia sea la misma : ordinaria, urgente, etc.

El banco de España, permisivo con las comisiones por transferencia

La nueva ley de servicios de pago no ha sido todo lo concreta que se podía esperar con respecto a la regulación en materia de transferencias; de hecho, su coste ha aumentado un 4,13% respecto al mes de diciembre de 2008, según el Banco de España.
Los traspasos, movimientos de dinero entre dos cuentas de la misma entidad y de la misma persona, se suelen “librar” de pagar. Pero a veces, aún dentro de la misma entidad, existen las que continúan aplicando comisiones todavía más altas según la distancia entre sucursales. El Banco de España se ha pronunciado al respecto e indica que no hay razones técnicas ni de costes que justifiquen esta diferencia, recomendando a las entidades que las eliminen. Sin embargo estas “recomendaciones” no son vinculantes y no obligan a la banca a rectificar sus malas prácticas, con lo que no son efectivas (en casi el 80% de los informes en los que el Banco de España da la razón al cliente tras una reclamación, no hay corrección por parte de la entidad).

¿Quién paga las comisiones?

En España hasta hace muy poco, las transferencias nacionales únicamente podía pagarlas el ordenante. Con la nueva ley de servicios de pago, puede correr con los gastos el ordenante de la transferencia, el beneficiario de ella o ambos; en esta última opción, el ordenante paga a su entidad y el beneficiario a la suya.
Al existir total libertad en esta materia, se da vía libre a la banca para el nacimiento de nuevas comisiones que antes no existían (por domiciliación de nómina o recibos), y la posibilidad de que se impongan en mayor o menor medida según qué entidad reciba la transferencia y la opción de pago elegida por el ordenante.

Protección de pagos: un seguro engañoso más para el consumidor

¿Le han despedido y tiene problemas para pagar las cuotas de su hipoteca? Existen seguros que "dicen" cubrir casos como éste. Analicemos diferentes propuestas con las que bancos y cajas buscan lucrarse, una vez más, a costa del consumidor

Al contratar un préstamo hipotecario, las entidades financieras a menudo obligan a suscribir todo tipo de seguros (de vida, de accidentes, de hogar, etc.) sin profundizar en sus condiciones, que además el consumidor no necesita. A estos se añadió una nueva modalidad de seguro que reúne varias coberturas como gancho, en principio para garantizar el pago al banco de las cuotas de un préstamo en situaciones de pérdidas de ingresos: incapacidad laboral, desempleo, enfermedad o fallecimiento.

Obligatorio y encima, con limitaciones

Bancos y cajas de ahorro lo incluyen entre los servicios ofertados, cuando no impuestos,al conceder un préstamo hipotecario o de consumo, siempre aprovechándose de la inseguridad que la crisis económica crea en sus clientes. No saber cómo afrontar los pagos si mañana me despiden de la empresa o si sufro una baja por enfermedad es lo que nos puede llevar a contratar estos sevicios, y si no negociamos al máximo las coberturas y las habituales restricciones, podemos llevarnos una desagradable sorpresa en caso de tener que echar mano de ellos.
Además, casi siempre deben suscribirse en la misma entidad, es decir, no podremos contratar el préstamo por un lado y el seguro por otro, impidiendo elegir la opción que se acomode mejor a nuestras necesidades.

Ofertas iguales y poco interesantes

Debemos analizar las situaciones más habituales que dicen cubrir varios de estos seguros comercializados por bancos y cajas, para luego comprobar que las condiciones para que se cubran los impagos son demasiado restrictivas, no protegen al consumidor en situaciones muy comunes y por tanto no se adaptan a sus necesidades.
Sea precavido y no deje que encima le hagan pagar el posible reconocimiento médico exigido para comprobar su estado de salud. Negocie para que lo pague la entidad.

Restricciones habituales que dejan al consumidor desprotegido

Si ya de por sí las condiciones en las que el consumidor tiene derecho a beneficiarse del seguro son desfavorables (le han despedido o ha sufrido un accidente laboral), cobrarlo no va a ser tan fácil como parece. Hay demasiadas limitaciones y “peros” a la hora de reclamarlo:
-Periodos de carencia a partir de su contratación, es decir, que si se produce la incapacidad o el desempleo al poco de contratarlo el seguro no lo cubre.
-Periodos de carencia entre siniestros. Las situaciones que nos dan derecho a aprovechar el seguro deben estar espaciadas; éste normalmente cubre 12 meses seguidos ó 24 alternos. ¡Como si pudiéramos decidir cuándo tener un accidente laboral!
-Alguno de estos seguros no cubre ni mucho menos toda la vida del préstamo sino sólo la primera parte, normalmente 5 años.
-La cuantía asegurada es limitada, es posible que aún tengamos que desembolsar parte de la deuda mensual.

¿Nos interesa realmente contratarlos?

Muchas veces los inconvenientes superan con creces a los beneficios al contratar un seguro de protección de pagos. No sólo no protegen al consumidor, sino que siguen enriqueciendo a las entidades a costa de imponerlos, por separado o junto a otros seguros, al usuario. Por ejemplo, en Banesto lo publicitan como un “complemento” al seguro de vida, cuando en general no supone más que una carga económica.
Sólo en casos muy concretos puede convenir contratar este tipo de servicio. Desde ADICAE le recomendamos que intente presionar al banco para eliminarlo, y si no hay más remedio que suscribirlo, negocie la ampliación de contingencias para que le salga a cuenta o proponga un cambio a la entidad aseguradora que más le convenga.


Sólo queda respirar, que mas se puede hacer que respirar. Me ahogo en toda esta sarta de mentiras y falsedades, soy tan falso como puedo llegar a ser; sonrío y tu sabes como me duele hacerlo, no tanto como abrazarte o verte sin hacer muecas que me puedan develar.
- Qué depre estás?
Si lo estoy, hace bastante tiempo, muy seguido, en otros tiempos hubiera sido preocupante, estoy depresivamente decidido a confiar en estas emociones que por su caracter impulsivo, son las mas verdaderas.
No pienso redundar en el pasado, ni soñar el futuro, pienso cambiar mi presente, y creo que se mas o menos cómo hacerlo...
La palabra amor aún me suena hueco (préstamo literario), pero no me canso de imaginarla o mas bien recordarla, como se escapaba de mi boca sinceramente para acariciarte...Qué Nerudiano, qué Shakespereano...si bastante mamón la verdad.
Pero para hacer esto un poco menos serio y menos Arjoniano...pondré una linda foto....